24 Dec 2003 cocina creativa (I): menú de nochebuena
ENAMORADOS DESENAMORADOS
Separe a dos enamorados. Ponga en una olla un trozo de mantequilla del tamaño de un bebé. Cuando la mantequilla esté caliente, mate a los enamorados deshechos en lágrimas, vacíelos, y, después, póngalos a cocer juntos. Cuando hayan adquirido una bonita palidez, retírelos. Haga un caldo con harina y mantequilla, sal, pimienta, un ramito de muguete (si es temporada), tomillo y laurel. Vuelva a echar a los enamorados en la olla, con una docena de cebollitas tiernas y, quince minutos antes de servir, añada unos cuantos champiñones. Se pueden agregar unos golpes y unas cuantas heridas.
EL BOBO ADORNADO
Coja un bobo, desnúdelo, búrlese de él. Dele unas patadas, mátelo, córtelo en trozos de igual grosor y póngalo en una marmita junto con un buen pedazo de mantequilla, sal, pimienta, especias, ajos y perejil picado. Déjelo soasarse bien y añada un chorrito de vino blanco y un poco de caldo. Cuando el bobo empiece a hervir, retírelo del fuego y sírvalo bien adornado. Cómaselo discretamente hablando de alguna otra persona.
Y de entrante: pica-pica con cerebros de bebé, como nueces tiernas... jajajajaj... Me encanta “La cocina Caníbal” de Roland Topor... miembro del grupo Pánico -junto a Arrabal- y coguionista de algunos de los trabajos de Jodorowski...
Quién le iba a decir a Roman Dirge –invitado por sus profesores a desistir de su vocación de artista- cuando empezó a dibujar aquella tira cómica de relleno que su tierna niñita muerta daría fama a la revista –Xhenophobe- y que Lenore devendría icono de culto y todo un personajillo en el mundo del underground, conduciendo a su autor a tres nominaciones en los Premios Eisner (los Oscares de la industria del cómic) con esos perturbados, macabros y oscuros personajes, ese humor tan tierno y salvaje a la vez...
22 Dec 2003 léolo: la atracción del abismo, o “porqué sueño no lo estoy”
Ayer reencontré –entre otras cosas...- el póster de “Léolo” que estuvo colgado durante años en mi habitación... Apedazado, reconstruido con celo amarillento del tabaco, repintado con cariocas en las partes que habían perdido el color, y con algún que otro garabato sin sentido -dibujos distraidos seguramente-... Creo que deberíamos tener cuidado con ciertos recuerdos, esconderlos estratégicamente para que surjan en el momento adecuado... y nos encuentren a nosotros en el momento oportuno...
Léolo es uno de los más extraordinarios e impactantes documentos sobre la locura que ha aportado el arte en general y el cine en particular, y una de mis películas favoritas sino la primera... Locura como motivo, medio y objeto, poético a la par que estremecedor; a observar, a compartir y sólo así empezar a “comprender”... aprehender por todos los medios a los que el malogrado Lauzon recurre sin descanso: todo lo que nos muestra tiene un significado, directamente y por omisión: palabras y silencios; imágenes, mostradas u ocultas, música, letras...
Léolo: así decide nombrarse Leo Lozeau, “nacerse” fruto de la inseminación de su madre por un tomate siciliano y alejarse así de la herencia paterna, señalada por la locura. La palabra devendrá su via de escape –en un entorno familiar y urbano donde la cultura resulta un lujo inaudito-, la única salida con la que intentará reestructurar su realidad y sobre-vivir a esos monstruos cotidianos... Escapar en definitiva y por medio de la escritura a ese gen imparable y demente que lleva consigo, al destino con el que convive en su ordinaria locura... “Porqué sueño no lo estoy”, se repite Léolo incesantemente... Porqué sueño no seré...
Los monstruos existen, como alguien cercano y ajeno a la vez, temido por esperado (ansiedad), negado por conocido (angustia)... ¡Luchar!... Pero las palabras nunca sirvieron de nada... ¡Desintegración!... Finalmente los monstruos vencen en uno mismo, ahora como algo propio que acaba devorándolo y convirtiéndole en uno más.
Léolo es una película de terror: angustia y hechiza, aterroriza y encanta... o si miras fijamente al abismo su mirada te devorará.
"Iré a descansar con la cabeza entre dos palabras en el Valle de los avasallados"
... Actualizado el fotolog y la cabecera con Jesus’ Blood never failed me yet -la sangre de Jesús nunca me ha fallado-... minimalista y emocionante obra de Gavin Bryars (con la colaboración de Tom Waits) basada en el obsesivo canturreo etílico de un viejo vagabundo londinense -que falleció poco tiempo después de la grabación-, a la que añadió en constante crescendo un fondo orquestal de gusto exquisito.
Decido salir a dar una vuelta... Concurso de balcones engalanados y musicales en mi ciudad, y yo sin enterarme... Hace frío, y me canso enseguida; compro una baguette, dos luckys, media vuelta y desisto... Tendría que ser moderadamente feliz para poder soportar algo como la navidad. Y a día de hoy la abomino... Y esa puta canción, no me la puedo sacar de la cabeza...
Ni decorativas, religiosas, festivas... En nuestra casa las navidades son única y exclusivamente... ¡gastronómicas!, como casi todas las celebraciones que tienen lugar en ella... Pobres pero gourmets sin interrupción, y en petit comité, nos regalamos surtidos de quesos de Sort, exquisitos... cajas del mejor Albariño, jamón de bellota, solomillos, ibéricos 100%... cada día es domingo en nuestra mesa, y en navidades la casa -los pocos euros que aún podamos tener-, por la ventana van en forma de elaborados delicatessen... ¡Todo esto que nos llevaremos! exclama mi mare, y razón que lleva la chica... Aunando tradiciones andaluza y catalana, recogemos lo mejor de cada gastronomía para deleitarnos en un autohomenaje pantagruélico a todas luces... un despiporre de los sentidos, vamos...
Y es que contra el delito de ser pobre –que decía Céline-, la obligación de probarlo todo... y en ello estamos...
X buscaba el sentido de su vida... Se agotaba muy pronto cuando estaba de pie, no sabía como colocarse de forma cómoda, literalmente y en todos los sentidos; donde apoyarse diagonalmente hablando, y la posición horizontal le producía fuertes y culpables dolores de espalda. Salía de vez en cuando, paseaba sin rumbo... por ningún sitio lo encontraba, ningún indicio, ninguna pista que lo acercase a él.
Preguntaba a sus compañeros por el suyo, y nadie sabía que responderle, o las explicaciones que le daban resultaban poco convincentes; sonaban a excusas, al fin y al cabo pensó, para librarse de él y su malditas preguntas. Consultó en libros de filosofías diversas, a cual más extraña y desasosegante; nada que parecía servir para los demás funcionaba con él. Qué creer, a ciegas pero sin fe necesaria, benévola y amablemente; qué lugar, dónde ir, empapelar o pintar, qué color elegir; estirarse definitivamente o ponerse en pie de una vez, no recordaba el momento concreto en que lo perdió, o si alguna vez lo tuvo.
Fueron pasando los días hasta que uno de ellos le susurró al oido en forma de segundo...
....
Sus mofletes se hincharon, esbozando una leve y cómplice sonrisa; sus ojos tuvieron tiempo de ver, por breves instantes, la luz de unos faros acercándose rápidamente en sentido contrario, y cerrarse, ahora sí, definitiva y serenamente.
18 Dec 2003 con el corazón en la mano (y viceversa)
Quizás si hubiese regalado –literalmente, como Tristan Corbiere- un corazón a mi último “intento” -en mi penúltima ilusión-, al menos ahora podría reirme un rato largo, pues ya temía de antemano lo que luego pasó... ¡Fatalista que es uno!, y lo que es peor, luego resulta que estoy en lo cierto y me confirmo como vidente... ¡Bah!, qué le vamos a hacer si las cosas siempre me dan la puta razón... y algunas personas se empeñan en colaborar para que así sea, y en confirmar mi premonición... ¡que alguien me desmientaaa!
La mano en el corazón siempre la llevo, pero debo descuidarme pues me roban la cartera y cuando hecho mano al bolsillo ya es tarde, y aprovechan para sustraerme también el motor... ¡Le falla el aceite!, me dice el copiloto... Para much@s quizás resulta un complemento, horchata en las venas de regalo... Para otr@ viene de serie... La garantía caduca, los delitos prescriben, y yo no voy a pilas ni soy eléctrico, un diesel quizás...
Tampoco lo encontraría demasiado a faltar... esas taquicardias, recuerdos y suspiros; angustias y desengaños, ¡fshhh, fhhhs, fhhhhhs!...¡alehop!, desaparecieron como las burbujitas efervescentes del analgésico...